(Oscar Arnal) Los derechos humanos son universales e inviolables. La salida de Venezuela de la Comisión Interamericana de los DD.HH, no la exime de ella, ni la excusa de cumplir los tratados del sistema regional de protección de los mismos. Todos los actos estatales están sometidos a la CIDH. Es la supremacía del tratado sobre DD.HH del hemisferio occidental, norma superior del ordenamiento jurídico de cada uno de nuestros países. En el caso Venezolano el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y la Convención Americana sobre Derechos Humanos no sólo han sido ratificados, sino que aparecen en la propia Constitución. La jurisprudencia de la Corte Interamericana de los DD.HH, ha sido ratificada por la mayoría de los países de la región, en situación de bidireccionalidad. La democracia no es sólo el gobierno de las mayorías, sino el del respeto de los DD.HH y la independencia de los poderes. La propuesta de salirnos de la CIDH confirma que estamos ante una grave regresión frente a los derechos de todos. Hoy a muchas de las víctimas sólo les queda recurrir ante las instancias internacionales, hoy amenazadas. Lo cierto es que a nivel de la región hay un dialogo fluido con la Corte Interamericana y entre todas las cortes supremas y constitucionales de América. El mundo de la democracia se enfrenta hoy al de la autocracia, la violencia y la hegemonía. En TSJ ha venido irrumpiendo contra la Constitución de 1999, al desconocer sus decisiones a contracorriente de la tendencia universal. El principio de justicia ordena que los casos particulares deben ser resueltos de manera similar, a través de los estándares del derecho internacional. Cualquier sentencia sobre un caso tiene efectos para todos los estados por igual, más allá de las partes litigantes. Los derechos humanos son imprescriptibles y nadie ni siquiera por la vía legal de amnistia puede ser absuelto. Los DD.HH existen para proteger a los ciudadanos frente al poder, los abusos de los gobierno e incluso las decisiones de una mayoría. Los derechos humanos emanan de la dignidad de la persona y los órganos de protección deben resguardar dicha dignidad. La soberanía dejo de ser un pretexto para justificar nada. A cuenta de ella, los Nazis entre otros cometieron crímenes contra la humanidad. El propósito de escapar del control del sistema interamericano de protección es injustificable, regresivo e inconstitucional. De tomarse esa decisión final, el senado del Paraguay tiene otro argumento jurídico para negar nuestra incorporación al Mercosur. Los artículos 31 y el 23 de la Constitución vigente obligan al gobierno, por lo cual bajo ninguna excusa podrá escapar. Hay que recordar que la violación que hoy se comete nunca prescribirá...

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